
Hace unos meses comentaba que era la primera vez que recomendaba un juego en el blog. Hoy va a ser la segunda. Se trata del Tycoon City: New York.
Alguno que me conozca sabrá que la serie SimCity me encanta, es uno de mis juegos favoritos. Pero hasta este juego tiene sus contras. El SimCity era divertido (hablo del 2000 y el 3000), pero llegó a un punto en el que se hace insufrible (el 4). Demasiados factores a tener en cuenta, demasiadas cosas por las que preocuparse. Además había ciertas cosas bastante aburridas, que estábamos obligados a hacer (tuberías, energía, educación, sanidad…).
El Tycoon City: New York es un SimCity pero… más arcade. Es menos realista, sí, pero más divertido. No tienes que preocuparte de esos ciudadanos quejicas que no tienen otra cosa que hacer que protestar al alcalde. De hecho aquí ni siquiera somos alcaldes en sí, sino un “magnate” que construye para su lucro personal.
Se trata de un juego que exprime al máximo la parte divertida de SimCity: construir edificios altos, zonas comerciales de lujo, personalizar los parques y edificios construídos, especular con el terreno, comprar a la competencia que no nos guste a lo Bill Gates… Digamos que es la versión transgresora y gamberra de SimCity.
El desarrollo del juego es sencillo. Al principio tenemos sólo disponible el distrito de Greenwich Village, y se nos ponen una serie de objetivos para poder desbloquear la siguiente zona, como pueden ser desarrollar económicamente una avenida para que los alegres ciudadanos puedan hacer pasar por ella su desfile de Halloween. Y según cumplimos las misiones encomendadas, se nos premiará con “bonos”, con los que podremos construir edificios emblemáticos de New York, al estilo del Chrysler o el Empire State.
Una vez cumplidos los objetivos, podemos seguir con el siguiente distrito o podemos quedarnos en el actual para desarrollarlo aún más (mi parte favorita). Como no estamos solos en la ciudad (hay otros magnates peleándose por un puesto en el top de los 10 más ricos de NY), el suelo se acabará pronto, y nos veremos obligados a comprar otros negocios y a vender los nuestros para ganar más dinero, al más puro estilo Monopoly.
Y sin ciudadanos protestando porque no se recoge su basura o porque no hay bibliotecas en la zona. La ciudad ideal, vamos.
Ah, y lo mejor de todo: sólo cuesta 27 euros.